"Educar no es llenar un recipiente, sino encender una hoguera ..."

por amor a las matemáticas .....

por amor a las matemáticas .....
"Yo vivo de preguntar, saber No puede ser lujo" (Sylvio Rodríguez)

Guías Mates Asociadas

Para contactarte conmigo:

mail: psumates2009@gmail.com

Rivers de Ennio Morricone

Pienso en MATEMÁTICAS ..... pero NO sólo en esto
Mostrando entradas con la etiqueta Entropía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entropía. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de abril de 2009

Metálogo: "PAPITO, ¿POR QUÉ SE DESORDENAN LAS COSAS? - Por Gregory Bateson

Hablando de ENTROPIA

METALOGO.
PAPITO, ¿POR QUÉ SE DESORDENAN LAS COSAS?.
Gregory Bateson.

Hija: Papá ¿ Por qué se desordenan las cosas?.

Padre: ¿Qué quieres decir? ¿Cosas? ¿Desordenarse?.

Hija: Bueno, la gente gasta mucho tiempo ordenando cosas, pero nunca se la ve gastar tiempo revolviéndolas. Las cosas parecen desordenarse por sí mismas. Y entonces la gente tiene que ordenarlas otra vez.

Padre: ¿Pero tus cosas también se desordenan si no las tocas?

Hija: No, si nadie me las toca. Pero si tú me las tocas –o si alguna otra persona las toca- se desordenan, y el revoltijo si no soy yo la que las toca.

Padre: Si, por eso no te dejo tocar las cosas de mi escritorio. Porque el revoltijo de mis cosas es peor si las toca alguien que no soy yo.

Hija: ¿Entonces la gente siempre desordena las cosas de otros? ¿Por qué lo hacen papá?.

Padre: Bueno, espera un poco. No es tan sencillo. Ante todo, ¿a qué llamas revoltijo?.

Hija: Cuando... cuando no puedo encontrar las cosas y todo parece revuelto. Lo que sucede cuando nada está en su lugar...

Padre: Bueno, pero ¿estás segura de que llamas revoltijo a lo mismo que cualquiera otra persona llamaría así?.

Hija: Pero papá, estoy segura... porque no soy una persona muy ordenada y si yo digo que las cosas están revueltas, estoy segura de que cualquiera otra persona estará de acuerdo conmigo.

Padre: Muy bien, ¿pero estás segura de que llamas “ordenado” a lo que otras personas llamarían así?. Cuando tu mamá ordena tus cosas, ¿sabes dónde encontrarlas?

Hija: A veces, porque, sabes, yo sé dónde pone ella las cosas cuando ordena.

Padre: Es cierto: yo también trato de evitar que arregle mi escritorio. Estoy seguro de que ella y yo no entendemos lo mismo por “ordenado”.

Hija: Papá, ¿te parece que yo y tú entendemos lo mismo por “ordenado”?

Padre: Lo dudo, querida, lo dudo.

Hija: Pero papá, ¿no es raro que todos quieran decir lo mismo cuando dicen “desordenado” y cada uno quiere algo diferente cuando dice “ordenado”?. Porque “ordenado” es lo opuesto que “desordenado”, ¿no?.

Padre: Estamos entrando a preguntas más difíciles. Comencemos de nuevo desde el principio. Tu dijiste: “¿Por qué siempre se desordenan las cosas?”. Ahora hemos dado uno o dos pasos más... y cambiemos la pregunta en: “¿Por que las cosas se ponen en un estado que Caty llama de desordenadas?”. ¿Te das cuenta por qué quiero hacer el cambio?.

Hija: ... Me parece que sí... porque si yo le doy significado especial a “ordenado”, entonces el “orden” de otras personas me parecerán revoltijos a mí, aunque estemos de acuerdo en la mayor parte de lo que llamamos “revoltijos”...

Padre: Efectivamente. Veamos ahora qué es lo que tú llamas “ordenado”. Cuando tu caja de pinturas está colocada en un lugar ordenado, ¿dónde está?.

Hija: Aquí, en la punta de este estante.

Padre: De acuerdo. ¿Y si estuviera en algún otro lado?.

Hija: No, entonces no estaría ordenada.

Padre: ¿Y si la ponemos en la otra punta del estante, aquí?.

Hija: No, ése no es el lugar que le corresponde, y además tendría que estar derecha, no toda torcida, como la pones tú.

Padre: ¡Ah!... en el lugar acertado y derecha.

Hija: Sí.

Padre: Bueno, eso quiere decir que sólo existen muy pocos lugares que son “ordenados” para tu caja de pintura...

Hija. Un lugar solamente.

Padre: No, muy pocos lugares, porque si la corro un poquito, por ejemplo, así, sigue ordenada.

Hija: Bueno... pero pocos, muy pocos lugares.

Padre: De acuerdo, muy pocos lugares. ¿Y qué pasa con tu osito de felpa y tu muñeca y el Mago de Oz y tu suéter y tus zapatos?. ¿No pasa lo mismo con todas las cosas, que cada una tiene sólo muy, muy pocos lugares que son “ordenados” para ella?.

Hija: Sí, Papá, pero el Mago de Oz puede ir en cualquier lugar del estante. ¿Sabes una cosa?. Me molesta mucho, pero mucho, cuando mis libros se mezclan con tus libros y los libros de mami.

Padre: Sí, ya lo sé. (Pausa).

Hija: Papá, no terminastes lo que estabas diciendo. ¿Por qué mis cosas se ponen de la manera que yo digo que no es ordenada?.

Padre: Pero sí que terminé... precisamente porque hay más maneras que tú llamas “desordenadas” que las que llamas “ordenadas”.

Hija: Pero esa no es una razón para...

Padre: Te equivocas, lo es. Y es la verdadera y única y muy importante razón.

Hija: ¡Ufa, papá, basta con eso!.

Padre: No, no bromeo. Esa es la razón y toda la ciencia ensamblada mediante esta razón. Tomemos otro ejemplo. Si pongo un poco de arena en el fondo de esta taza y encima de ella pongo un poco de azúcar y lo revuelvo con una cucharilla, la arena y el azúcar se mezclarán, ¿no es cierto?.

Hija: Sí, pero papá, ¿te parece bien pasar a hablar de “mezclado” cuando comenzamos hablando de “desordenado”?.

Padre: Es que... bueno... me parece que sí... Sí, porque supongamos que encontramos a alguien que piensa que es más ordenado colocar toda la arena debajo de todo el azúcar. Y, si quieres, no tengo inconveniente en decir que yo pienso de esa manera...

Hija ¿Si...?.

Padre: Está bien, tomemos otro ejemplo. Algunas veces, en el cine, tú ves un montón de letras del alfabeto, desparramadas por todas partes en la pantalla, hechas un revoltijo y algunas hasta patas arriba. Y entonces alguien sacude la mesa donde están las letras y éstas comienzan a moverse y luego, a medida que las siguen sacudiendo, las letras se reúnen y forman el título de la película.

Hija: Sí, las vi... lo que formaban era DONALD.

Padre: No tiene importancia lo que formaban. El asunto es que tu viste que algo era sacudido y batido, y en vez de quedar más mezclado que antes, las letras se reunieron en un orden, todas de pie y formaron una palabra... formaron algo que la mayoría de las personas estará de acuerdo en que tiene sentido.

Hija: Sí, papá, pero sabes que...

Padre: No, no lo sé; lo que trataba de decir es que en el mundo real de las cosas nunca suceden de esa manera. Eso pasa sólo en las películas.

Hija: Pero, papá...

Padre: Te digo que solo en las películas se pueden sacudir cosas y éstas parecen adquirir más orden y sentido del que tenían antes...

Hija: Pero, papá...

Padre: Esta vez déjame terminar... Y en el cine, para que las cosas parezcan así, lo que hacen es filmar todo al revés. Ponen todas las letras en orden para que se lea DONALD, las filman y luego comienzan a sacudir la mesa.

Hija: ¡ Pero si ya lo sé, papá! Y eso era lo que quería decirte. Y cuando proyectan la película la pasan hacia atrás, y parece como si todo hubiera pasado hacia adelante, pero en realidad sacudieron las letras después de ordenarlas. Y las tienen que fotografiar patas arriba... ¿Por qué lo hacen?.

Padre: ¡Santo cielo!.

Hija: ¿Por qué tienen que poner la cámara cabeza abajo, papá?

Padre: No te voy a responder ahora esa pregunta porque estamos en el medio de la pregunta sobre los revoltijos.

Hija:¡Ah, es verdad! Pero no te olvides, papito, que otro día me tienes que responder la pregunta sobre la cámara boca abajo. ¡No te olvides!. ¿Verdad que no te vas a olvidar, papá?. Porque a lo mejor yo me olvido. Sé buenito, papá.

Padre: Bueno, sí, pero otro día. ¿En qué estábamos? Ah, sí en que las cosas nunca suceden hacia atrás. Y trataba de explicarte por qué hay una razón de que las cosas sucedan de cierta manera si podemos mostrar que esa manera tiene más maneras de suceder que alguna otra manera.

Hija: Papá, no empieces a decir tonterías.

Padre: No estoy diciendo tonterías. Empecemos de nuevo. Hay una sola manera de escribir DONALD. ¿Estas de acuerdo?.

Hija: Sí.

Padre: Magnífico. Y hay millones y millones y millones de manera de esparcir seis letras sobre una mesa. ¿De acuerdo?.

Hija: Sí. Me parece que sí. ¿Y algunas de esas pueden ser patas arriba?.

Padre: Sí. Exactamente como en ese revoltijo en que estaban en la película. Pero pueden haber millones de revoltijos como ése, ¿no es verdad?. ¿Y uno solo de ellos forma la palabra DONALD?.

Hija: De acuerdo, sí. Pero, papito, las mismas letras podrán formar OLD DAN.

Padre: No te preocupes. Los que hacen las películas no quieren que las letras formen OLD DAN sino DONALD.

Hija: ¿Y por qué?.

Padre: ¡Deja tranquilos a los que hacen las películas!.

Hija: Pero fuiste tú el que habló de ellos, papá.

Padre: Sí, bueno, pero era para tratar de decirte por qué las cosas suceden de aquella manera en las que hay mayor número posible de maneras de que suceda. Y ya es hora de irse a la cama.

Hija: ¡Pero, papá, si no terminaste de decirme por qué las cosas suceden de esa manera, de la manera que tiene más maneras!

Padre: Está bien. Pero no pongas más motores en funcionamiento... con uno basta y sobra. Además, estoy cansado de DONALD. Busquemos otro ejemplo. Hablemos de tirar monedas a cara o sello.

Hija: Papá, ¿estás hablando de la misma pregunta por la que comenzamos, la de “por qué se desordenan las cosas”?.

Padre: Sí.

Hija: ¿Entonces, papá, lo que tratas de decirme sirve para las monedas, para DONALD, para el azúcar y la arena y para mi caja de pinturas y para las monedas?.

Padre: Sí, efectivamente.

Hija: ¡Ah, bueno, es que me lo estaba preguntando!.

Padre: Bueno, a ver si esta vez logro acabar de decirlo. Volvamos a la arena y el azúcar y supongamos que alguien dice que poner la arena en el fondo de la taza es “arreglado” u “ordenado”.

Hija: ¿Hace falta que alguien diga algo así para que puedas seguir hablando de cómo se mezclarán las cosas cuando las revuelvas?.

Padre: Sí... Ahí está precisamente el punto. Dicen lo que esperan que suceda y luego yo les digo que no sucederá porque hay tal cantidad de otras cosas que podrían suceder. Y yo sé que es más probable que suceda una de las muchas cosas y no de las pocas.

Hija: Papá, tú no eres más que un viejo que hace libros, que apuesta a todos los caballos menos al único al que quiero apostar yo.

Padre: Es cierto, querida. Yo les hago apostar según lo que llaman la manera “ordenada” –sé que hay infinitamente muchas maneras desordenadas- y por eso las cosas siempre se encaminarán hacia el revoltijo y la mixtura.

Hija: ¿Pero por qué no lo dijiste al comienzo, papá? Yo lo hubiera podido entender perfectamente.

Padre: Supongo que sí. De todas maneras, es hora de irse a la cama.

Hija: Papá ¿por qué los grandes hacen la guerra, en vez de sólo pelear, como hacen los chicos?

Padre: Nada: a dormir. Ya terminé contigo. Hablaremos de la guerra otro día.

FIN (Tomado prestado de http://www.inf.utfsm.cl/)

======================================

Gregory Bateson, Pasos hacia una ecología de la mente .....


Este gran biólogo, que consideraba los muchos campos que investigó (la antropología, la epistemología, la psiquiatría, la cibernética, etc.) como ramas de la biología, bregó toda su vida por descubrir principios comunes de organización en el universo, o como él decía, encontrar “la pauta que conecta”. Su pensamiento abrió la puerta a la comprensión de la naturaleza de la Mente como fenómeno sistémico y se convirtió en uno de los primeros intentos exitosos de la ciencia por superar la división cartesiana entre mente y cuerpo.

Bateson desarrolló el concepto de que siempre “Hay Mentes dentro de las Mentes”. Un ser humano es una Mente, pero al momento que levanta un hacha y comienza a cortar un árbol, es parte de una Mente mayor. El bosque que lo rodea es una Mente aún mayor y así sucesivamente. En esta serie de niveles, el tema es la homeostasis de la unidad mayor. Así, la “persona” o el “organismo” debe ser visto como una mente integrante, NO como una unidad independiente. Para Bateson, no hay un “sí mismo” que está cortando un árbol “allá afuera”, más bien se está realizando una relación de información en un circuito sistémico .... Una Mente.

Bateson sostiene que el ego individual es sólo el aspecto visible del “sí mismo” mayor. Insiste en que esa parte nunca puede conocer la totalidad, sino sólo ponerse a su servicio – si prevalece la sabiduría. Para Bateson cualquier falta de sabiduría sistémica será siempre castigada. En sus propias palabras, “si se lucha contra la ecología de un sistema, se pierde –especialmente cuando se gana”. (Revista Con-Spirando).

- - - - -
Comentario del libro, MUY personal : Aún siendo de no fácil lectura - por sus contenidos a veces técnicos - esta gruesa colección de artículos y conferencias te abre a momentos delirantes. Muchas veces uno cree descubrir -dentro de su propia ignorancia- esa pauta que conecta tan buscada por Bateson. Este es uno de los pocos libros que me ha lanzado a estallar de alegría, cuando se fueron produciendo ciertos satoris científicos. Bateson escribe con gracia, contando anécdotas, con una cierta picardía .... al comienzo del libro levanta unos metálogos (escrituras temáticas que introducen el tema a la trama o al estilo de la escritura) MUY entretenidos, en donde conversa con su hija o nieta y en donde se explican temas muy contingentes al nuevo paradigma de las ciencias, como por ejemplo CAOS y ENTROPIA, en el metálogo titulado: ¿Por qué se desordenan las cosas", impresionante ....

“Lo que se sacrifica con la elevación de la conciencia humana sobre el proceso natural no es sólo la idea de la inteligencia de la naturaleza, sino que la propia experiencia de estar inmerso en un todo mayor. Una profunda y continua relación con todas las otras formas de existencia es un aspecto antiguo de la conciencia humana. Uno se la encuentra en los niños y niñas que gozan con las plantas y animales. Y mantenemos este conocimiento vivo en los mitos y cuentos que contamos a nuestros hijos acerca del mundo natural. Pero el niño se convierte en adulto. La cultura lo educa a imaginar su propia inteligencia como única y aislada en el universo. El conocer ya no es más erótico, no es más relacional, sino que viene con un sentido de escape de la confusión de la existencia material. A través de un creciente proceso de separación del cuerpo, de las emociones, de la experiencia directa, la naturaleza se convierte en una extraña. (.....) La interdependencia del pensamiento humano y del medio ambiente es un tópico vasto que no ha sido explorado en ninguna parte con la misma pasión que la afirmación de independencia.” Susan Griffin.

martes, 13 de mayo de 2008

Metálogo: Papito, ¿por qué se desordenan las cosas? Gregory Bateson habla con su hija.

METALOGO.
PAPITO, ¿POR QUÉ SE DESORDENAN LAS COSAS?.
Gregory Bateson.

Hija: Papá ¿ Por qué se desordenan las cosas?.

Padre: ¿Qué quieres decir? ¿Cosas? ¿Desordenarse?.

Hija: Bueno, la gente gasta mucho tiempo ordenando cosas, pero nunca se la ve gastar tiempo revolviéndolas. Las cosas parecen desordenarse por sí mismas. Y entonces la gente tiene que ordenarlas otra vez.

Padre: ¿Pero tus cosas también se desordenan si no las tocas?

Hija: No, si nadie me las toca. Pero si tú me las tocas –o si alguna otra persona las toca- se desordenan, y el revoltijo si no soy yo la que las toca.

Padre: Si, por eso no te dejo tocar las cosas de mi escritorio. Porque el revoltijo de mis cosas es peor si las toca alguien que no soy yo.

Hija: ¿Entonces la gente siempre desordena las cosas de otros? ¿Por qué lo hacen papá?.

Padre: Bueno, espera un poco. No es tan sencillo. Ante todo, ¿a qué llamas revoltijo?.

Hija: Cuando... cuando no puedo encontrar las cosas y todo parece revuelto. Lo que sucede cuando nada está en su lugar...

Padre: Bueno, pero ¿estás segura de que llamas revoltijo a lo mismo que cualquiera otra persona llamaría así?.

Hija: Pero papá, estoy segura... porque no soy una persona muy ordenada y si yo digo que las cosas están revueltas, estoy segura de que cualquiera otra persona estará de acuerdo conmigo.

Padre: Muy bien, ¿pero estás segura de que llamas “ordenado” a lo que otras personas llamarían así?. Cuando tu mamá ordena tus cosas, ¿sabes dónde encontrarlas?

Hija: A veces, porque, sabes, yo sé dónde pone ella las cosas cuando ordena.

Padre: Es cierto: yo también trato de evitar que arregle mi escritorio. Estoy seguro de que ella y yo no entendemos lo mismo por “ordenado”.

Hija: Papá, ¿te parece que yo y tú entendemos lo mismo por “ordenado”?

Padre: Lo dudo, querida, lo dudo.

Hija: Pero papá, ¿no es raro que todos quieran decir lo mismo cuando dicen “desordenado” y cada uno quiere algo diferente cuando dice “ordenado”?. Porque “ordenado” es lo opuesto que “desordenado”, ¿no?.

Padre: Estamos entrando a preguntas más difíciles. Comencemos de nuevo desde el principio. Tu dijiste: “¿Por qué siempre se desordenan las cosas?”. Ahora hemos dado uno o dos pasos más... y cambiemos la pregunta en: “¿Por que las cosas se ponen en un estado que Caty llama de desordenadas?”. ¿Te das cuenta por qué quiero hacer el cambio?.

Hija: ... Me parece que sí... porque si yo le doy significado especial a “ordenado”, entonces el “orden” de otras personas me parecerán revoltijos a mí, aunque estemos de acuerdo en la mayor parte de lo que llamamos “revoltijos”...

Padre: Efectivamente. Veamos ahora qué es lo que tú llamas “ordenado”. Cuando tu caja de pinturas está colocada en un lugar ordenado, ¿dónde está?.

Hija: Aquí, en la punta de este estante.

Padre: De acuerdo. ¿Y si estuviera en algún otro lado?.

Hija: No, entonces no estaría ordenada.

Padre: ¿Y si la ponemos en la otra punta del estante, aquí?.

Hija: No, ése no es el lugar que le corresponde, y además tendría que estar derecha, no toda torcida, como la pones tú.

Padre: ¡Ah!... en el lugar acertado y derecha.

Hija: Sí.

Padre: Bueno, eso quiere decir que sólo existen muy pocos lugares que son “ordenados” para tu caja de pintura...

Hija. Un lugar solamente.

Padre: No, muy pocos lugares, porque si la corro un poquito, por ejemplo, así, sigue ordenada.

Hija: Bueno... pero pocos, muy pocos lugares.

Padre: De acuerdo, muy pocos lugares. ¿Y qué pasa con tu osito de felpa y tu muñeca y el Mago de Oz y tu suéter y tus zapatos?. ¿No pasa lo mismo con todas las cosas, que cada una tiene sólo muy, muy pocos lugares que son “ordenados” para ella?.

Hija: Sí, Papá, pero el Mago de Oz puede ir en cualquier lugar del estante. ¿Sabes una cosa?. Me molesta mucho, pero mucho, cuando mis libros se mezclan con tus libros y los libros de mami.

Padre: Sí, ya lo sé. (Pausa).

Hija: Papá, no terminastes lo que estabas diciendo. ¿Por qué mis cosas se ponen de la manera que yo digo que no es ordenada?.

Padre: Pero sí que terminé... precisamente porque hay más maneras que tú llamas “desordenadas” que las que llamas “ordenadas”.

Hija: Pero esa no es una razón para...

Padre: Te equivocas, lo es. Y es la verdadera y única y muy importante razón.

Hija: ¡Ufa, papá, basta con eso!.

Padre: No, no bromeo. Esa es la razón y toda la ciencia ensamblada mediante esta razón. Tomemos otro ejemplo. Si pongo un poco de arena en el fondo de esta taza y encima de ella pongo un poco de azúcar y lo revuelvo con una cucharilla, la arena y el azúcar se mezclarán, ¿no es cierto?.

Hija: Sí, pero papá, ¿te parece bien pasar a hablar de “mezclado” cuando comenzamos hablando de “desordenado”?.

Padre: Es que... bueno... me parece que sí... Sí, porque supongamos que encontramos a alguien que piensa que es más ordenado colocar toda la arena debajo de todo el azúcar. Y, si quieres, no tengo inconveniente en decir que yo pienso de esa manera...

Hija ¿Si...?.

Padre: Está bien, tomemos otro ejemplo. Algunas veces, en el cine, tú ves un montón de letras del alfabeto, desparramadas por todas partes en la pantalla, hechas un revoltijo y algunas hasta patas arriba. Y entonces alguien sacude la mesa donde están las letras y éstas comienzan a moverse y luego, a medida que las siguen sacudiendo, las letras se reúnen y forman el título de la película.

Hija: Sí, las vi... lo que formaban era DONALD.

Padre: No tiene importancia lo que formaban. El asunto es que tu viste que algo era sacudido y batido, y en vez de quedar más mezclado que antes, las letras se reunieron en un orden, todas de pie y formaron una palabra... formaron algo que la mayoría de las personas estará de acuerdo en que tiene sentido.

Hija: Sí, papá, pero sabes que...

Padre: No, no lo sé; lo que trataba de decir es que en el mundo real de las cosas nunca suceden de esa manera. Eso pasa sólo en las películas.

Hija: Pero, papá...

Padre: Te digo que solo en las películas se pueden sacudir cosas y éstas parecen adquirir más orden y sentido del que tenían antes...

Hija: Pero, papá...

Padre: Esta vez déjame terminar... Y en el cine, para que las cosas parezcan así, lo que hacen es filmar todo al revés. Ponen todas las letras en orden para que se lea DONALD, las filman y luego comienzan a sacudir la mesa.

Hija: ¡ Pero si ya lo sé, papá! Y eso era lo que quería decirte. Y cuando proyectan la película la pasan hacia atrás, y parece como si todo hubiera pasado hacia adelante, pero en realidad sacudieron las letras después de ordenarlas. Y las tienen que fotografiar patas arriba... ¿Por qué lo hacen?.

Padre: ¡Santo cielo!.

Hija: ¿Por qué tienen que poner la cámara cabeza abajo, papá?

Padre: No te voy a responder ahora esa pregunta porque estamos en el medio de la pregunta sobre los revoltijos.

Hija:¡Ah, es verdad! Pero no te olvides, papito, que otro día me tienes que responder la pregunta sobre la cámara boca abajo. ¡No te olvides!. ¿Verdad que no te vas a olvidar, papá?. Porque a lo mejor yo me olvido. Sé buenito, papá.

Padre: Bueno, sí, pero otro día. ¿En qué estábamos? Ah, sí en que las cosas nunca suceden hacia atrás. Y trataba de explicarte por qué hay una razón de que las cosas sucedan de cierta manera si podemos mostrar que esa manera tiene más maneras de suceder que alguna otra manera.

Hija: Papá, no empieces a decir tonterías.

Padre: No estoy diciendo tonterías. Empecemos de nuevo. Hay una sola manera de escribir DONALD. ¿Estas de acuerdo?.

Hija: Sí.

Padre: Magnífico. Y hay millones y millones y millones de manera de esparcir seis letras sobre una mesa. ¿De acuerdo?.

Hija: Sí. Me parece que sí. ¿Y algunas de esas pueden ser patas arriba?.

Padre: Sí. Exactamente como en ese revoltijo en que estaban en la película. Pero pueden haber millones de revoltijos como ése, ¿no es verdad?. ¿Y uno solo de ellos forma la palabra DONALD?.

Hija: De acuerdo, sí. Pero, papito, las mismas letras podrán formar OLD DAN.

Padre: No te preocupes. Los que hacen las películas no quieren que las letras formen OLD DAN sino DONALD.

Hija: ¿Y por qué?.

Padre: ¡Deja tranquilos a los que hacen las películas!.

Hija: Pero fuiste tú el que habló de ellos, papá.

Padre: Sí, bueno, pero era para tratar de decirte por qué las cosas suceden de aquella manera en las que hay mayor número posible de maneras de que suceda. Y ya es hora de irse a la cama.

Hija: ¡Pero, papá, si no terminaste de decirme por qué las cosas suceden de esa manera, de la manera que tiene más maneras!

Padre: Está bien. Pero no pongas más motores en funcionamiento... con uno basta y sobra. Además, estoy cansado de DONALD. Busquemos otro ejemplo. Hablemos de tirar monedas a cara o sello.

Hija: Papá, ¿estás hablando de la misma pregunta por la que comenzamos, la de “por qué se desordenan las cosas”?.

Padre: Sí.

Hija: ¿Entonces, papá, lo que tratas de decirme sirve para las monedas, para DONALD, para el azúcar y la arena y para mi caja de pinturas y para las monedas?.

Padre: Sí, efectivamente.

Hija: ¡Ah, bueno, es que me lo estaba preguntando!.

Padre: Bueno, a ver si esta vez logro acabar de decirlo. Volvamos a la arena y el azúcar y supongamos que alguien dice que poner la arena en el fondo de la taza es “arreglado” u “ordenado”.

Hija: ¿Hace falta que alguien diga algo así para que puedas seguir hablando de cómo se mezclarán las cosas cuando las revuelvas?.

Padre: Sí... Ahí está precisamente el punto. Dicen lo que esperan que suceda y luego yo les digo que no sucederá porque hay tal cantidad de otras cosas que podrían suceder. Y yo sé que es más probable que suceda una de las muchas cosas y no de las pocas.

Hija: Papá, tú no eres más que un viejo que hace libros, que apuesta a todos los caballos menos al único al que quiero apostar yo.

Padre: Es cierto, querida. Yo les hago apostar según lo que llaman la manera “ordenada” –sé que hay infinitamente muchas maneras desordenadas- y por eso las cosas siempre se encaminarán hacia el revoltijo y la mixtura.

Hija: ¿Pero por qué no lo dijiste al comienzo, papá? Yo lo hubiera podido entender perfectamente.

Padre: Supongo que sí. De todas maneras, es hora de irse a la cama.

Hija: Papá ¿por qué los grandes hacen la guerra, en vez de sólo pelear, como hacen los chicos?

Padre: Nada: a dormir. Ya terminé contigo. Hablaremos de la guerra otro día.

jueves, 24 de abril de 2008

¿ Qué es un Agujero Negro ?

AGUJEROS NEGROS y la MORATORIA DE LA ENTROPIA :

“Al parecer, dice S. Hawking, no son muy abundantes por aquí”
(Refiriéndose a los Agujeros Negros).

“El término agujero negro tiene un origen muy reciente. Fue acuñado en 1969 por el científico norteamericano John Wheeler como la descripción gráfica de una idea que se remonta hacia atrás en un mínimo de 200 años, a una época en que había dos teorías sobre la luz: una, preferida por Newton, que suponía que la luz estaba compuesta por partículas, y la otra que asumía que estaba formada por ondas. Hoy en día sabemos que ambas teorías son correctas. Debido a la dualidad onda/corpúsculo de la mecánica cuántica, la luz puede ser considerada como una onda y/o como una partícula. En la teoría de que la luz estaba formada por ondas, no quedaba claro como respondería ésta ante la gravedad. Pero si la luz estaba compuesta por partículas, se podría esperar que éstas fueran afectadas por la gravedad del mismo modo que lo son las balas, los cohetes y los planetas. Al principio, se pensaba que las partículas de la luz viajaban con infinita rapidez, de forma que la gravedad no hubiera sido capaz de frenarlas, pero el descubrimiento de Roemer de que la luz viaja a una velocidad finita, significó el que la gravedad pudiera tener un efecto importante sobre la luz.

Bajo esta suposición, un catedrático de Cambridge, John Michell, escribió en 1783 un artículo en el Philosophical Transactions of the Royal Society of London en el que señalaba que una estrella que fuera suficientemente masiva (con mucha masa) y compacta tendría un campo gravitatorio tan intenso que la luz no podría escapar: la luz emitida desde la superficie de la estrella sería arrastrada de vuelta hacia el centro por la atracción gravitatoria de la estrella, antes de que pudiera llegar muy lejos. Michell sugirió que podía haber un gran número de estrellas de este tipo. A pesar de que no seríamos capaces de verla porque su luz no nos alcanzaría, sí notaríamos su atracción gravitatoria. Estos son los objetos que hoy llamamos agujeros negros, ya que esto es precisamente lo que son: huecos negros en el espacio. (S. Hawking, Historia del tiempo – del Big Bang a los agujeros negros-)”.

Físicamente, toda acumulación de masa genera un campo gravitatorio a su alrededor cuya potencia depende de la cantidad de masa y también del tamaño que tenga esa acumulación. Por esta razón, por ejemplo, una nave espacial que debe escapar de nuestro planeta, necesita poseer suficiente energía para vencer la atracción gravitatoria terrestre. Si a la nave se le imprime una velocidad menor que la necesaria para que escape (11,2 km/seg) caerá a la Tierra, imposibilitada de salir.

Cuanto más masivo sea un astro (sea planeta o estrella) mayor será la velocidad de escape del mismo; debe tenerse presente entonces, que en objetos muy masivos (enanas blancas o estrellas de neutrones) la atracción gravitatoria es enorme.
La teoría indica que los objetos llamados agujeros negros se formarían cuando una cantidad apreciable de materia cósmica se acumula en un volumen extremadamente reducido del espacio; por ejemplo, luego del colapso de una estrella.

En un agujero negro, la fuerza de atracción que ejerce su gravedad es tan intensa que la materia se comprime hasta límites increíbles; al adquirir un estado tan denso, la gravedad resulta tan elevada que ni la luz puede escapar de él. Cualquier cuerpo que se aproxime a esa región, conocida como horizonte de suceso, sería absorbido hacia el interior del agujero negro, donde la densidad de la materia es infinita, y acabaría completamente destruido. Por esta causa el objeto no será observable: será "negro", a decir por los astrónomos. La denominación de "agujero" surge al designar al cuerpo del que no puede escapar nada a causa de su gravedad y que parece absorber toda la materia circundante.

Se ha calculado que las dimensiones de un agujero negro no superarían 1 km de diámetro, y que le correspondería una cantidad de masa entre una similar a la de la Tierra y masas equivalentes a varios miles de soles.

Los astrónomos han estimado que la materia atraída hacia un agujero negro será fuertemente acelerada por su gravedad y, por lo tanto, las partículas que la componen entrarán en un estado de continua colisión mutua, cayendo a muy grandes velocidades en una curva de forma espiral. Por consiguiente, en los alrededores de un agujero negro se creará un violento torbellino, en el cual la materia trata de penetrar en un muy pequeño volumen del espacio.

El continuo choque de partículas acaba calentándolas muy intensamente y dando lugar a una radiación muy fuerte de energía. Si la temperatura alcanza a ser suficientemente elevada como para alcanzar los millones de grados (lo cual es muy probable en esas circunstancias), se puede detectar ese torbellino mediante observaciones de la radiación en Rayos X (Esta característica de emitir rayos “X” ha llevado a Hawking a afirmar que los agujeros negros NO SON TAN NEGROS, es decir se pueden observar a partir de estas emisiones).

Hasta el momento no existe ninguna prueba concluyente de la existencia de agujeros negros. Por ser invisibles, sólo podrían ser detectados a través de sus efectos gravitacionales sobre otros cuerpos celestes, o bien en el caso singular de que se halle junto a otra estrella formando un sistema doble. Existe un sistema binario en la constelación del Cisne, donde se ha observado una potente fuente de Rayos X; aparentemente es de una de las dos componentes del sistema, justamente aquella que no es visible. Los datos recogidos de un sistema doble sugieren que un enigmático objeto (que sería muy pequeño), tendría masa suficientemente grande como para ser identificado como serio candidato a agujero negro. En 1972, de detectó a través de rayos X el primer posible agujero negro: Cygnus X-1, a 14.000 años luz de nosotros.

Por otra parte se detectaron fuertes radiaciones de Rayos X en determinadas regiones del espacio; muchas de esas fuentes X son de carácter explosivo, lo que implicaría que podrían ser debidas también a agujeros negros. Algunos núcleos de galaxias además, son muy difíciles de identificar con algo conocido, por lo que algunos científicos consideran que podrían vincularse también con fenómenos similares a los agujeros negros.

Algunos físicos han sugerido la idea de que un agujero negro podría tener una salida –denominada agujero blanco- por donde toda la materia y energía engullida sería expulsada, bien en otra región del Universo, o bien en un universo paralelo (Ver sección Multiverso).

AGUJEROS Y MORATORIA : Por otra parte, la fuerza gravitatoria no ha podido, con su gradiente de entropía, concentrar las masas en agujeros negros: el tirón que hace que la materia se precipite en un derrumbe hacia el espacio interior de dicho agujero. Desde la física de Newton se sabe el estilo de acción de la fuerza gravitacional: es proporcional al valor de las masas e inverso al cuadrado de las distancias. ¿Por qué entonces las masa están separadas, por qué conservan sus distancias aparentes, por qué no se convocan en un sólo punto y arman un agujero negro final? En otras palabras, la fuerza gravitacional está sin cumplir su tenaz propósito entrópico: concentrar las masas en agujeros negros. ¿Por qué? La respuesta la sabemos todos hoy: porque el universo se halla en expansión. Porque hubo una explosión inicial o Big Bang cuya velocidad de escape no dejó actuar a la gravedad. Stephen Hawking ha propuesto que si la densidad hubiese sido mayor en sólo una millonésima parte, la gravedad habría podido hacer su trabajo: frenar la voladura, obligarla a retornar y en sólo diez años hacer colapsar en un Big Crunch a ese universo recién nacido.